If you want to send your children to school,
it is cocoa.
If you want to build your house,
it is cocoa.
if you want to marry,
it is cocoa.
If you want to buy cloth,
it is cocoa.
If you want to buy lorry,
it is cocoa.
Whatever you want to do in this world,
it is with cocoa money that you do it.»

Canción popular en Ghana (1950).

El primer uso doméstico del cacao nos lleva 5.500 años atrás, a la cultura Mayo-Chinchipe-Marañón, al sur de donde hoy encontramos a Ecuador. Naturalmente, los árboles que se encuentran allí no son tan antiguos, pero es posible rastrear su linaje genético a tal momento.
La historia del uso doméstico del cacao salta sin claridad de la alta Amazonia a la Mesoamérica de mayas y luego aztecas. Ambos lo usaban en una bebida energética, en medicina, así como en rituales y ceremonias, dotándolo de carácter y origen divino. Esto fue preservado posteriormente en la nomenclatura científica del árbol, Theobroma cacao (Linnæus, 1753), en la que theos es dios y broma, alimento. En la lengua náhuatl era llamado cacahuacuahuitl y su fruto simplemente cacahuatl. De este deriva la palabra cacao. Por su parte, chocolate proviene del término náhuatl xocoātl, compuesto por ātl, que significa agua, y xoco, agrio.
El primer encuentro de los conquistadores españoles con el cacahuatl ocurrió en la isla Guanaja durante el cuarto viaje de Cristobal Colón, en 1502, aunque fue en tiempos de Hernán Cortés que se introdujeron en España tanto el cacao como las herramientas para preparar chocolate.
Las exclusivas semillas de cacao, cultivadas por mayas y aztecas en tierras de nobles, de guerreros de alto rango y de mercantiles, fueron también utilizadas como moneda de uso corriente y constituyen uno de los mejores ejemplos entre los medios de pago más primitivos. Esta modalidad prevaleció durante todo el período colonial y hasta principios del siglo XX en el sureste mexicano.
Todo se podía comprar con cacao: ropa, comida, esclavos y hasta oro, materia prima que dominaban a la perfección e incluían en objetos cotidianos, tales como muebles o alhajas. Este metal dócil y precioso, más allá de su forma o función, era saqueado o intercambiado por coloridas
bagatelas para ser reducido a barras o lingotes.
En 1535, la corona española fundó la primera casa de la moneda en Ixachitlān, ahora conocida como América, con 90% de su producción destinada a la exportación. Sin embargo, las semillas de cacao continuaron en circulación. Una liebre costaba 10 semillas de cacao, un esclavo unas 4.000, y 200 eran equivalentes a 1 real de plata, una moneda metálica que fue depreciando su valor hasta que en 1720 llegó a 15 semillas de cacao por unidad.
Con las “Leyes Nuevas” de 1542 quedó prohibida la esclavitud de indígenas en la “Nueva España” al ser designados como vasallos del Rey.
Ese mismo año, la Corona acuñó allí dos monedas de cobre para transacciones menores, que fueron rechazadas de forma unánime por los habitantes, pese a las amenazas de multas,
azotes y trabajos forzados. Así, estas malogradas monedas fueron quitadas de circulación.
A fines del siglo XVI, el pago anual de tributos en el Virreinato era de 1.600 semillas de cacao o 1 peso de oro. Un indígena para trabajos forzados costaba entre 300 y 500 semillas, según su sexo, edad, salud y habilidades, y con unas 8 a 10 semillas se podía acceder a una sesión con una prostituta.
La falsificación de oro en polvo y de semillas de cacao como moneda corriente también existía, por lo que ambos métodos fueron lentamente reemplazados por monedas de metal.
Antes del arribo europeo, el oro ya era utilizado como medio de pago por los pueblos Chibcha, con un sistema incluso más preciso en dimensiones que el español.
Más hacia el sur, el encuentro entre el Imperio español y el inca fue bastante diferente. El último basaba su poderío en el desarrollo colectivo fuertemente disciplinado, sin pobreza, ni esclavitud, con caminos para fines administrativos y militares, y no de comercio. Un comunismo persuasivamente expansivo sin necesidad de conquista, ni de moneda. Esta afirmación agraria fue sepultada en la industria minera impuesta por el Imperio español en su religioso afán de expatriar la mayor cantidad de riqueza en
metales preciosos.
En todos esos viajes, el cacao también cruzó el océano y, una vez en la península ibérica, la “afrodisíaca” bebida amarga fue saborizada, endulzada y rápidamente compartida entre aristócratas europeos. En 1569, el papa de la Iglesia católica Pío V, declaró que el consumo de tal bebida no rompía el ayuno.
Luego de España, el cacao siguió su paso firme por Francia (1615) e Inglaterra (1650), y así sucesivamente hasta conquistar Slumil K’ajxemk’op [la tierra insumisa].
La rápida expansión de su consumo en Europa demandó una mayor producción. Esclavos africanos eran llevados a América a las cosechas de cacao y de otros productos que también terminarían en Europa. En esos años cada fundador de una villa podía hacer uso de dos a cuatro indígenas, a quienes debía pagar unas 100 semillas de cacao por jornada laboral de sol a sol.
El Banco de Suecia, el primer banco central del mundo, se fundó en 1668, pero recién hacia 1690 llegó el chocolate a Escandinavia. Dos años después, Luis XV intentó regular las ventas de chocolate al por mayor y al por menor, y en 1711 una norma en Suecia ordenaba: “Quien use el té, el café y el chocolate en casa, deberá pagar dos dalers de plata”.
España mantuvo el monopolio del cacao hasta 1728, cuando cedió el control de su comercio a Holanda. Años más tarde se pusieron en marcha las primeras máquinas para producción de chocolate (Francia, 1756, y Barcelona, 1780). Hacia el final del siglo XVIII, el ahora dulce chocolate desembarcaba en América del Norte, al tiempo que en la Francia revolucionaria intentaban abolir la esclavitud en sus colonias.
Entre 1811 y 1814, el general insurgente José María Morelos acuñó la primera moneda verdaderamente mexicana, totalmente independiente de la corona. Su decreto removía
símbolos de la monarquía española y agregaba “una flecha con un letrero al pie que señala el viento donde corresponde, que es del sur”. Esta fue la primera moneda fiduciaria,
con promesa de pago una vez triunfase la revolución. El pago nunca sucedió pero sí la independencia de México, aunque en 1821.
En los años siguientes, los portugueses comenzaron a llevar el cacao a tierras de sus esclavos, y en Ámsterdam se inventó una máquina para separar la manteca de cacao del polvo de cacao (Van Houten, 1828), lo que facilitó la disolución de este último en agua o leche caliente, que era como los británicos gustaban tomarlo desde el siglo anterior. En Suiza, el chocolate fue mezclado con avellanas por primera vez (Kohler, 1830) y, en Inglaterra, se puso a la venta la primera barra de chocolate (Fry & Son, 1847). Paralelamente, en Francia, se comenzó a comercializar el polvo de cacao soluble, tanto para grandes como para chicos (Poulain, 1848). En Vevey fue creada la harina de leche (Nestlé, 1867) y el chocolate con leche suizo comenzó allí su historia (Peter, 1875). Poco después, se produjo el primer chocolate que se derrite en la boca (Lindt, 1879).
Más allá de crisis financieras, en la década de 1870 el consumo global de cacao creció en 800%. Por entonces comienza el cultivo en la Costa de Oro británica y posteriormente, durante el reparto de África, las colonias francesas también fueron incorporadas a la producción masiva de cacao. Así, rápidamente, pasó de ser un producto de consumo exclusivo de las élites del poder a ser un producto de consumo masivo con dividendos para las élites del poder.En “los años locos”, las compañías de golosinas en el este de Estados Unidos comenzaron a vender pequeños discos de chocolate envueltos en papel dorado para la tradición judía de regalar monedas a los niños durante el festival de las luces. Esto ya lo hacían en Bélgica y en los Países bajos, aunque con motivo de San Nicolás. Año a año, estas dulces imágenes del dinero fueron consolidándose como símbolos de las celebraciones de Hanukkah y Navidad.
Durante la Segunda Guerra Mundial, saboteadores alemanes diseñaron un chocolate que cubría una bomba de acero prevista para explotar a los pocos segundos de cortarle una pieza. Mientras tanto, la subsidiaria de Nestlé en Alemania, Maggi, empleaba a miles de prisioneros de guerra y trabajadores forzados judíos.
A mediados del siglo XX, se reconoció el engendramiento de plantas para mejorar la producción de cacao. Desde entonces, el stock y el consumo aumentaron de forma constante, lo cual también sucedió con el calentamiento global, debido a forzamientos antropogénicos y no a causas naturales. Aun así, aparecen periódicamente artículos con titulares tales como: “El chocolate está en el camino a la extinción en 40 años”. Aunque quizás sean los pequeños productores de cacao los que perecerán antes.
El cacao es el octavo flujo financiero ilícito de África, y sus agricultores reciben menos de 70% de su valor internacional. Además, los precios del cacao han sido extremadamente volátiles y, en 2021, los agricultores africanos recibieron 20% menos aún de su costo. En abril de 2022, la televisión inglesa mostró a un productor que contaba que su finca había generado unos 30 sacos de semillas el año anterior [ca. dos toneladas] y que por ello le ingresaron 2.800€, incluyendo primas “responsables” de las grandes corporaciones chocolateras, de 1€ por saco. De ese total dedicó menos de 1.000€ a sus empleados y otra gran parte a pesticidas, materiales e impuestos. [El precio internacional ICCO de la tonelada de cacao a comienzos de abril de 2022 era de 2.242€]. Pero las haciendas cacaoteras suelen ser más pequeñas que este caso. Otro agricultor contó que produce anualmente entre seis y ocho sacos, y recibe unos 400€; por eso es que usa a sus hijos pequeños para la faena.
En la actualidad, más de 90% de la producción mundial de cacao se cosecha en fincas de menos de tres hectáreas.
En Costa de Marfil, productor de casi la mitad del cacao mundial, se estiman más de 1.2 millones. Contrariamente, 65% de la capacidad de molienda del mundo está en manos de tres empresas.
También en abril de este año, la empresa familiar Mars –con sus casi 45 billones de euros en ingresos anuales– comenzó dos programas piloto de “responsabilidad corporativa” para apoyar a un grupo de agricultores de cacao “en el camino hacia un ingreso digno sostenible para 2030” [de 1€ a 2,5€ diarios]. Por otro lado, en setiembre, el Banco Mundial definió la línea de pobreza en 2,15€ diarios.
A comienzos de este siglo, Save the Children Fund informó a la BBC que en Mali niños eran comercializados para trabajos forzosos en fincas de cacao por solamente 30€ [ca. 21.250 semillas, precio ICCO 2001]. Una de las respuestas fue la sorpresiva aparición de estudios científicos sobre beneficios para la salud del consumo de chocolate. Otra fue el acuerdo público-privado llamado “Protocolo Harkin-Engel”. Este establecía que las peores formas de trabajo infantil (Convenio 182 de la OIT) y el tráfico de niños estarían totalmente erradicados de la industria del cacao para 2005.
Un par de años después de tal fecha límite, otro informe expuso que niños de Burkina Faso colocados en Costa de Marfil costaban 230€.
En 2019 un traficante de niños para trabajos forzosos en producción de cacao fue filmado confirmando que pagar 300€ era correcto, pero comento que “como carneros, no todos tienen igual precio”. Al año siguente, un estudio realizado por el grupo de investigación social NORC, de la Universidad de Chicago, señaló: “Los datos de 2018/19 de los hogares agrícolas (con al menos un hijo en el grupo de edad de 5 a 17 años) en las áreas de cultivo de cacao de Costa de Marfil y Ghana indican que aproximadamente: 1.560.000 niños trabajaban en la producción de cacao”. Según este informe, 95% de esos niños estuvieron expuestos al menos a un componente peligroso del trabajo infantil: limpieza de terrenos, cargas pesadas, uso de agroquímicos, uso de herramientas afiladas, largas horas de trabajo y trabajo nocturno.
El año pasado, ocho niños de Mali, que fueron esclavos en las plantaciones de cacao en Costa de Marfil y lograron escapar, iniciaron acciones legales en Estados Unidos contra las compañías de chocolate más grandes del mundo (Nestlé, Cargill, Barry Callebaut, Mars, Mondelēz, Hershey, y Olam Americas), acusándolas de ayudar e incitar a la esclavitud en las fincas de cacao. Los jueces no negaron la veracidad del caso, pero lo descartaron por suceder fuera del país. Las multinacionales admitieron que sus cadenas de suministro incluyen mano de obra infantil involucrada en las peores formas de trabajo infantil y, mientras continúan lucrando con esta y otras prácticas criminales –como la desforestación de la selva lluviosa africana–, “prometieron” que para 2025 reducirán su dependencia al trabajo infantil en 70%.

antipodes café

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última actualización: 2022.10.24.
corrección: Magdalena Sagarra